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El día de Hoy en el Horóscopo Mexicano:
sabios consejos PDF Imprimir E-Mail
Abre tu mente y comprende los conceptos ocultos en los consejos de los viejos.


“He aquí al padre verdadero: es raíz y principio de linaje de hombres. Bueno es su corazón, recibe las cosas, es compasivo y se preocupa. De él es la precisión, el apoyo, con sus manos protege. Cría y educa a los niños, les amonesta y enseña a vivir, les pone delante un gran espejo, una gruesa antorcha que no ahuma.
 
 
 
“Y el hombre maduro: un corazón firme como piedra, un rostro sabio. Es dueño de su rostro y de su corazón. Hábil y comprensivo, buen componedor de textos, es un tolteca de la tinta negra y roja, un entendido. Dios está en su corazón y diviniza con su corazón las cosas; dialoga con su propio corazón.

“Y el verdadero artista: un conocedor de colores; los aplica, sabe de matices y armonías; dibuja pies, caras, les da sombra y relieve, logra efectos. Como tolteca, pinta los colores de todas las flores."


"Dios está en su corazón y diviniza con su corazón las cosas; dialoga con su propio corazón."

El término Yolteotl, "corazón endiosado", se usaba ordinariamente para referirse a la adivinación, pero su sentido elevado es la facultad de intuición que nos permite percibir el mundo como unidad. Al reducir las dualidades y contradicciones de nuestra experiencia habitual a su denominador común, que es la energía, el Yolteowati "diviniza" el mundo, poniendo las cosas en su verdadera dimensión. A continuación se expresa el modo como hace eso: Moyolitoa, "diálogo con el propio corazón", esto es, la meditación.

"Como tolteca, pinta los colores de todas las flores".

Este verso tiene un sentido esotérico. Para entenderlo, ten en cuenta la metáfora tolteca que afirmaba que el mundo de la primera atención es como un libro de pinturas, ya que la naturaleza de las cosas es aparente.

El verdadero tolteca no es el que mezcla tierras y resinas literales, sino el que "pinta" con los colores de la energía, construyendo un carácter, una visión y un intento. Es el nagual, Ketsalkoatl, el creador.




“He aquí al padre verdadero: es raíz y principio de linaje de hombres. Bueno es su corazón, recibe las cosas, es compasivo y se preocupa. De él es la precisión, el apoyo, con sus manos protege. Cría y educa a los niños, les amonesta y enseña a vivir, les pone delante un gran espejo, una gruesa antorcha que no ahuma.

“Y el hombre maduro: un corazón firme como piedra, un rostro sabio. Es dueño de su rostro y de su corazón. Hábil y comprensivo, buen componedor de textos, es un tolteca de la tinta negra y roja, un entendido. Dios está en su corazón y diviniza con su corazón las cosas; dialoga con su propio corazón.

“Y el verdadero artista: un conocedor de colores; los aplica, sabe de matices y armonías; dibuja pies, caras, les da sombra y relieve, logra efectos. Como tolteca, pinta los colores de todas las flores."


"Dios está en su corazón y diviniza con su corazón las cosas; dialoga con su propio corazón."

El término Yolteotl, "corazón endiosado", se usaba ordinariamente para referirse a la adivinación, pero su sentido elevado es la facultad de intuición que nos permite percibir el mundo como unidad. Al reducir las dualidades y contradicciones de nuestra experiencia habitual a su denominador común, que es la energía, el Yolteowati "diviniza" el mundo, poniendo las cosas en su verdadera dimensión. A continuación se expresa el modo como hace eso: Moyolitoa, "diálogo con el propio corazón", esto es, la meditación.

"Como tolteca, pinta los colores de todas las flores".

Este verso tiene un sentido esotérico. Para entenderlo, ten en cuenta la metáfora tolteca que afirmaba que el mundo de la primera atención es como un libro de pinturas, ya que la naturaleza de las cosas es aparente.

El verdadero tolteca no es el que mezcla tierras y resinas literales, sino el que "pinta" con los colores de la energía, construyendo un carácter, una visión y un intento. Es el nagual, Ketsalkoatl, el creador.


“Acércate al que es modelo y ejemplo, pauta y señal, libro y pintura; al hombre honorable y de buena fama, a la condición social, la luz, la antorcha, el espejo.

“Observa a mis sacerdotes, los Merecidos, los de vida pura, trasparentes, buenos, rectos, dedicados, limpios, de corazón blanco, de vida sin mezcla, sin polvo ni impureza. Ellos llegan hasta la presencia de Señor de la Cercana Compañía, le ofrecen incienso, le oran, le ruegan por el pueblo.

“Acércate quienes, por todas partes, van haciendo lo excelente, dando brillo, dejando lo bueno, imponiendo un orden con prudencia, alegría y serenidad; a quienes son cofre y caja, sombra y abrigo, gruesa ceiba, sabino generoso que da brotes y se yergue poderoso, firme.

“Ve con quienes no se quedaron dormidos ni se ocultaron en el sueño, con quienes no desgarraron su labios (con calumnias); con quienes llevan en paz, sobre sus brazos y espaldas, a aquel (pequeñín) que va jugando, se divierte con tierra y duerme en la redecilla.

“En cambio, huye de estos sitios: el festín, el río y el camino. No te detengas allí, porque allí está, allí habita el gran devorador, (que es) la mujer ajena, el esposo ajeno, la prosperidad, la falda, la camisa ajena."


"¿Estaba subordinado el interés personal al interés colectivo? Todo depende de como definamos personal y colectivo. Nosotros solemos ver ambos conceptos como antagónicos, de modo que la defensa de uno significa la supresión del otro.

En la sociedad tolteca, lo personal - Tlakayotl - se consideraba sólo "la mitad" de algo más, mientras que lo colectivo recibía el nombre de Toltekayotl, intepretado en este caso como "juncal".

Por supuesto que había cotas, tanto para el interés personal como para el colectivo, a fin de que no se agredieran mutuamente, pero la presencia de un tercer elemento en la ecuación - el Nagual - cambia enteramente el resultado.

¿Se concebía a los sacerdotes como intermediarios entre la dimensión social y la celestial y la divina?

Si. El Códice Florentino VI.21 afirma lo siguiente respecto a las relaciones entre el clero y los Tla'toani: "Aun el rey llama a los sacerdotes dioses suyos, por la bondad y la pureza de sus vidas."

Sin embargo, al carecer de un concepto personal de la divinidad (que se veía como un estado de conciencia), esta mediación no tenía el carácter de una representación, como ocurre en el cristianismo o el hinduismo, sino de un ejemplo de merecimiento, tal como afirma el Wewetla'tolli.

"¿Quienes son 'los que no se quedaron dormidos ni se ocultaron en el sueño'? ¿los perezosos, los flojos?"

Este es un ejemplo del carácter esotérico de estos textos, es decir, de su capacidad de contener en unas mismas palabras información de muy diversa índole.

En la lectura social y cotidiana, por supuesto que se refiere a los holgazanes. Pero en la energética, sugiere buscar ejemplo en aquellos que no se dejan arrastrar por la embriaguez de los sentidos, comparable a un sueño.

Fíjate que se refiere a dos tipos de personas: "los que se quedaron dormidos", esto es, quienes no sienten la necesidad de prestar atención a los estados de subconciencia, y en consecuencia, van generando modelos de distracción, y quienes deliberadamente "se ocultaron en el sueño": los magos negros.

“huye de estos sitios: el festín, el río y el camino. No te detengas allí, porque allí está, allí habita el gran devorador, (que es) la mujer ajena, el esposo ajeno, la propiedad, la falda, la camisa ajena."



Otra muestra de la índole impersonal de las creencias toltecas. Ellos le tenían nombre a Satán - Tsontemok, "el cortador de cabezas" -, pero no cometían el error de considerarlo una entidad personal, sino que lo identificaban directamente con la trasgresión y las tentaciones que llevan a ella. El texto pone como ejemplos la propiedad y las relaciones ajenas. Le llama Weitekuani, "gran devorador" de la energía.

 Coatlahui













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